Dado que tenía que hacer un regalo a un abogado, salí a recorrer el centro en busca de una linda corbata.
Ya sé, no es un regalo original para un abogado, pero eso me tenía sin cuidado. Salvo que se justifique realmente, odio dar vueltas para comprar algo.
En una esquina vi un hermoso local de Christian Dior.
Me paré frente a la vidriera, y miré los precios, para que una vez dentro, no muriera de un infarto.
Las camisas rondaban los $140, que para una marca como esa no era tan caro. Además, una corbata nunca podría costar más que una camisa, así que entré.
Me atendió una empleada aparentemente nueva:
- Hola, ¿qué andás buscando?
- Hola, qué tal... Quería ver corbatas...
- Sí, mirá: tenés estas de acá, y si no, aquellas de allá.
- Ah... qué lindas... ¿Qué precio tienen?
La empleada miró a un hombre que estaba detrás de un mostrador, como preguntándole.
- Esas de ahí te salen dos, treinta y nueve pesos - respondió el tipo -, y aquellas de allá, sesenta y nueve pesos.
"Qué barato" pensé. Miré todas, y me quedé con las de dos por treinta y nueve. Pese a ser más baratas, eran más finas que las otras.
- Bueno, entonces dame esta...
- Dale. - dijo la empleada mientras sacaba del exhibidor la corbata que me gustó.
- ...y esta otra.
La empleada me miró con los ojos desorbitados:
- ¿¿¿Dos vas a llevar???
Ups.
Evidentemente algo había entendido mal.
Claro, dos por treinta y nueve pesos era demasiado barato, más en un local como ése. Entonces deduje que en realidad costaban $39 cada una.
- Eeehhh... no, no... dame esa sola y listo - disimulé.
La empleada le entregó la corbata que elegí al hombre del mostrador y me agradeció por la compra.
El hombre guardó la corbata en un estuche muy delicado, y al estuche a su vez en una bolsa más delicada aún.
Entretanto, yo sacaba la billetera para pagar.
- Serían doscientos treinta y nueve pesos...
Pausa.
Silencio...
Levanté la mirada hacia el tipo:
- Perdoname... ¿Cuánto me dijiste?
- Doscientos treinta y nueve pesos. - Repitió el hombre luciendo una sonrisa Colgate.
Entonces a la que se le desorbitaron los ojos fue a mi.
- ¿¿¿Doscientos treinta y nueve pesos??? ¡¡¡Nnnnnoooo!!! ¡¡¡Yo entendí otra cosa!!!
- Si no, tenés esas otras de allá, a sesenta y nueve pesos...
- ¡¡¡Sí!!! - me apresuré- ¡Dame una de esas!
- Tenés esta, mirá... es parecida a la otra que vos habías elegido...
- Sí, si... dame esa, no importa. Tomá la plata. ¡Chau! ¡Hasta luego!
Y salí corriendo, coloradísima de vergüenza, pero sin disimular mi indignación.
En el camino me preguntaba... ¿Qué clase de hijo de puta paga $239 por una corbata?
Hasta ese entonces, para mi ese tipo de frivolidades existían solamente en el lejano mundo de MTV Cribs.
Pero en mi ciudad, artistas o modelos de fama internacional no hay.
Entonces la respuesta obvia fue: políticos, abogados rapaces, y jueces.
... Y así es como termina la circular historia, de mi circular regalo.

8 mil personalidades comentaron:
Padrísimo post. Me has ofrecido una pausa llena de carcajadas ¡Gracias!
Saludos.
Buena observación. Buen ojo, además. Pero el oído, no está muy bien. Ya sabe, "hay un mundo mejor, pero es carísimo".
Uhhh, qué terrible. Menos mal que pudiste comprar otra y huir.
Saludos.
jajaja muy buena historia, a quien no le ha pasado cosas como esa, me solia pasar cuando vivi en USA, lo peor es que cuando pasaron dos semanas ya eso que valia 100 dolares vale muy poco para ser consumido por la gente bonita y rapaz, cosa que lo encuentras en los outlet a 7 dolares, todo porque esta fuera de temporada, ahi te das cuenta que todo es marca y que realmente los costos son bajos bajos xD
saludos
El dinero no da la felicidad. La compra.
Buenísima historia. Me voy a la cama con una sonrisa.
Besos con desfase horario.
A veces estos precios desorbitados se nos escadan del alcance de nuestro raciocinio y lo peor es que nos sentimos injustamente avergonzados.
Saludos
...tienes unas historias buenísimas y llenas de ese toque de humor tan característico.
Seguiré enganchado al blog.
Un saludo.
Uh!! Son esas situaciones dónde no sabes si ponerte roja y huir si gritar que el precio es lo más descarado que oíste... Uno se resigna a que esas cosas sí cuestan eso, aunque sólo sea una tira de seda bonita...
Beso!
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