La Saga de Marcelita: parte I

Permítanme presentarles a Marcelita.

Por su permanente cara de constipación, Marcelita bien podría ser una de las mellizas Sherry y Terry, de los Simpsons.
Marcelita cuenta cuarenta y cinco abriles, pero gracias a la dieta y el lifting mental, no se le notan.
Veo la fotografía que elige para identificarse: es ella lavando los platos.
¿Es acaso una mezcla de Doña Rosa con la Rubia Tarada?
No exactamente.
Marcelita fue abanderada en el jardín de infantes, en la primaria, en la secundaria, y en la universidad (lo cual habla muy mal del sistema educativo argentino).
Solamente una vez rindió mal: sacó un 5 en un coloquio en la facultad.
El problema es que aprendió muy bien a estudiar y repetir con precisión metronométrica todas las reglas ortográficas, pero no aprendió a pensar.

- ¿¿¿Qué son esas manchas que tiene la gata??? - pregunta desesperada al verle las tetitas al animal.

La vida para Marcelita es una gran hoja cuadriculada.
Se cree buena madre por responder a cuanta demanda tenga la escuela de sus hijos. En las reuniones de padres se sienta en el primer banco y con ansiedad levanta la mano para responder todas las preguntas y ofrecerse a llevar desde tapitas de gaseosas para hacer collage, hasta el regalo del día del maestro para cada uno de los docentes.
Se cree buena esposa sólo por haberse casado con el único hombre al que besó en toda su vida, y por ser servil y colaboradora en todo lo que esté a su alcance.
Se cree buena persona por mostrarse muy culpable por todo lo que hace mal, en lugar de tener una actitud más comprometida y tratar de mejorar.

Marcelita no es una de mis otras.
No es una de mis personalidades, sino un personaje en mi vida, protagonista de anécdotas dignas de una sit com.
Iba a dedicarle solo un post, pero me encontré con tanto material, que me parece que voy a tener que ir contándoles de ella en sucesivas entradas.
He aquí la primera de la saga:

Una noche, luego de una cena en familia en el departamento de Marcelita, me ofrecí a preparar algo de tomar.
Tras poner la pava al fuego, busqué un par de saquitos de té, que para mi sorpresa, tenían agujeritos.
Los miré a trasluz, y confirmé mi sospecha:

- Marce, tenés gorgojos en el té.
- Naaa... No puede ser.
- Sí, fijate a trasluz. ¿Ves que caminan?
- Uy, cierto...
- Vas a tener que tirar todos los saquitos.
- ¡Pero mirá si los voy a tirar! Buscá alguno que no tenga gorgojos y preparalo.
- Marce, esto es una plaga... se van a ir pasando de un saquito a otro, y de ahí se van a pasar al harina, a las especias, hasta invadirte todo. Tenés que tirarlos.
- Pero no... dale, prepará el té igual, si total del saquito no van a salir los bichos. El té se puede tomar perfectamente.
- ¡Marcela, por dios tiralos! Si querés yo misma voy al supermercado y te traigo una caja nueva de cada gusto de té que encuentre, ¡pero tirá eso! ¡Son bichos, es un asco!
- Bueno, por ahora dejá todo así. Yo ya voy a ver qué hago. Después de todo, los gorgojos curan el cáncer...

5 mil personalidades comentaron:

La Maga dijo...

Cuando empecé a leer obsrevé que su diminutivo, 'Marcelita', la pintaba de cuerpo entero. Luego fui corroborando aquello de: 'no es lo mismo servil que servicial'...Ya sobre el final del primer relato me di cuenta de sus miradas cúbicas y las patéticas miserabilidades humanas. Marcelita tiene prospecto -que no proyecto-de futuro. Seguiré leyendo su derrotero (y su derrota) con sumo interés.

((Un beso))

Di. dijo...

jajajajajajaja Hay personajes que son realmente cómicos de forma involuntaria!
Un beso!

La Mujer Mutante dijo...

jajajajaja cura el cancer hay que bueno

saludos

Hallyna dijo...

Me encantó!! jajajjajaa Las Marcelitas hay un montón, nos rodean todos los días! Espero leer más sobre ella...
Un beso!

sagitaire17 dijo...

El arte de vivir sin saber vivir tiene miles de formas de expresarse.
Debería haber venido a visitarte (perdón por haber tardado tanto,pero llevo un lío....).En fin,no es tarde para poder disfrutar de un excelente espacio.
Un saludo.